El análisis del segmento posterior del ojo —retina, mácula, nervio óptico y vasos sanguíneos— es esencial para detectar y monitorear afecciones como el desprendimiento de retina, la retinopatía diabética o la degeneración macular, muchas veces antes de que aparezcan síntomas. Entre los instrumentos clave está el oftalmoscopio binocular indirecto (BIO), que ofrece una visión estereoscópica y de campo amplio del fondo de ojo, ideal para examinar la periferia retiniana con detalle y profundidad. Usado junto con lentes de condensación (20D, 28D), deja las manos libres y permite explorar la retina desde distintos ángulos, siendo fundamental en la detección temprana de patologías graves.
