La cirugía oftálmica se trabaja sobre milímetros: cualquier micromovimiento de la cabeza del paciente durante una facoemulsificación o una vitrectomía es un riesgo directo, y la camilla es la que lo evita o lo provoca. Por eso una camilla oftálmica no es una camilla quirúrgica genérica. Necesita posicionamiento Trendelenburg y anti-Trendelenburg, ajuste de altura motorizado sin vibración, y sobre todo un cabezal específico que estabilice el cráneo y deje al cirujano acceso libre desde la cabecera para trabajar bajo el microscopio.
El confort del paciente tampoco es un detalle estético. En cirugías con anestesia tópica el paciente está despierto y debe permanecer inmóvil durante todo el procedimiento: un apoyo mal diseñado se traduce, tarde o temprano, en movimiento involuntario. Nuestras camillas combinan estructura firme, tapizado de alta densidad y controles precisos, para que el equipo quirúrgico se concentre en el ojo y no en la posición del paciente.
